Lidia: un encuentro que lo cambió todo
📖 “El sábado salimos a las afueras de la ciudad, junto al río, donde pensamos que había un lugar de oración de los judíos. Nos sentamos y hablamos del evangelio a las mujeres que se habían reunido. Una de ellas se llamaba Lidia; era de la ciudad de Tiatira y vendía telas finas de púrpura. A esta mujer, que adoraba a Dios y que estaba escuchando, el Señor la movió a poner toda su atención en lo que Pablo decía. Fue bautizada, junto con toda su familia, y después nos rogó: —Si ustedes juzgan que de veras soy creyente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa. Y nos obligó a quedarnos.” Hechos 16:13-15 DHH94I
Reflexión 🤔Al igual que la semana pasada nos enfocamos en el tema de “La Hombría”, obviamente específico para varones; a partir de hoy, compartiremos el tema: “Mujeres de fe”, especial para mujeres.
El caso de Lidia. No fue en una catedral. No fue un púlpito. Fue a la orilla de un río. Allí, en la sencillez de una oración colectiva, el Creador del universo descendió para abrir el corazón de una mujer que ya lo estaba buscando.
Lidia no gritó; no cayó al suelo; no vio visiones, nadie sopló en su cabeza ni le declaró nada. Ella solo escuchó. Y mientras las palabras de Pablo resonaban en su oído, fue Dios quien obró en lo profundo de su corazón. Porque toda verdadera conversión no es fabricada por voluntad humana, ni requiere de espectacularidad; sino que es encendida en la sencilla humildad de un corazón dispuesto, por la soberanía divina. No es el predicador quien salva, sino el poder del Espíritu Santo quien despierta corazones y enciende la verdadera fe.
Lidia era comerciante de púrpura, una mujer de influencia, probablemente admirada por muchos. Pero lo que la hizo verdaderamente grande fue lo que nadie veía: su alma rendida al Señor. Mientras muchos medían su éxito por las hermosas telas que vendía, Dios la miraba por su corazón dispuesto. Y ese día, Él actuó.
El texto dice que “el Señor le abrió el corazón”. ¡Qué declaración más gloriosa! El mismo Dios que divide mares, levanta muertos, calma tempestades y sostiene el universo, ese día inclinó su gracia hacia una mujer que oraba con sincera humildad. No fue elocuencia humana, sino un toque divino.
Pero la fe que se enciende en lo íntimo, siempre se manifiesta en lo exterior, se hace visible y trasforma toda nuestra conducta. Por eso, Lidia no solo abrió su corazón a Cristo, sino que también abrió su casa a los mensajeros del evangelio. La hospitalidad fue su primera manifestación del toque que la cambió. Luego su hogar se convirtió en uno de los pilares de la iglesia en Filipos, y su generosidad, en semilla de expansión del Reino.
Conclusión: Quizá hoy, tu que lees, te encuentres junto a tu propio “río”, un lugar de búsqueda, rutina, cansancio o espera. Pero no subestimes ese momento. El Dios que tocó el corazón de Lidia, sigue caminando entre nosotros, buscando corazones atentos y dispuestos de hombres y mujeres.
Oración 🙏 Oh Dios que abres corazones como quien parte el pan para saciar al hambriento, haz lo mismo con nosotros hoy. Despierta nuestra alma dormida, inflama nuestra fe apagada y haz de nuestro hogar un altar para tu gloria. No queremos seguir igual. Queremos ser de ti por completo. En el nombre de Jesús. Amén!
Bendiciones y Feliz Martes!.. 🤗
“Habla de Dios y de la Biblia y abre tu casa a los que llevan la buena noticia, porque: “Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que llevan las buenas nuevas de salvación!” Rom. 10:15
Por favor contribuye a que la vida en nuestra sociedad sea mejor, conociendo, viviendo y compartiendo esta reflexión que nos conecta con el evangelio.