Cuando la promesa florece en el desierto
📖 “Abraham y Sara ya eran muy ancianos, y Sara había dejado de tener sus periodos de menstruación. Por eso Sara no pudo aguantar la risa, y pensó: «¿Cómo voy a tener este gusto, ahora que mi esposo y yo estamos tan viejos?» Pero el Señor le dijo a Abraham: —¿Por qué se ríe Sara? ¿No cree que puede tener un hijo a pesar de su edad? ¿Hay acaso algo tan difícil que el Señor no pueda hacerlo? El año próximo volveré a visitarte, y para entonces Sara tendrá un hijo. Al escuchar esto, Sara tuvo miedo y quiso negar. Por eso dijo: —Yo no me estaba riendo. Pero el Señor le contestó: —Yo sé que te reíste. Después los visitantes se pusieron de pie y empezaron a caminar hacia la ciudad de Sodoma. Abraham los acompañó para despedirse de ellos. Entonces el Señor pensó: «Debo decirle a Abraham lo que voy a hacer, ya que él va a ser el padre de una nación grande y fuerte. Le he prometido bendecir por medio de él a todas las naciones del mundo. Yo lo he escogido para que mande a sus hijos y descendientes que obedezcan mis enseñanzas y hagan todo lo que es bueno y correcto, para que yo cumpla todo lo que le he prometido.»”
Génesis 18:11-19 DHH94I
Reflexión 🤔Sara estaba oyendo desde la tienda, y lo que escuchó parecía demasiado para su corazón cansado. Tenía noventa años. Su cuerpo conocía el silencio de la esterilidad. Su alma, el eco de oraciones sin respuesta. Cuando escuchó que tendría un hijo, rió para sí misma. No fue burla, fue incredulidad dolorida. Una reacción humana, nacida de años de espera frustrada.
Pero Dios no se quedó en silencio. Le respondió con una pregunta que ha recorrido los siglos: ¿Acaso hay algo imposible para el SEÑOR?
Dios no solo cumple promesas imposibles. Él también se acerca con ternura a quienes han aprendido a esperar en silencio. En su fidelidad, no sólo transforma las circunstancias… también reanima la esperanza, restaura el asombro, y vuelve a encender la fe que parecía apagada por el paso del tiempo.
Antes de cumplir la promesa, Dios cambió los nombres:
Abram se convirtió en Abraham, el padre de multitudes.
Saray se convirtió en Sara, la madre de naciones.
Dios transformó su identidad para prepararlos para el cumplimiento de su promesa.
Dios no tenía prisa. Esperó hasta que la única explicación posible fuera: “Dios lo hizo”.
Y cuando Isaac nació, no era solo un hijo. Fue un testimonio vivo de que las promesas de Dios no mueren con el tiempo, sino que se cumplen en su tiempo.
Hoy, quizás tú también has dejado de esperar. Quizás te ríes por dentro cuando escuchas que Dios aún puede obrar. Pero el Señor no se ofende con tu debilidad. Él se acerca y te recuerda: “Nada es imposible para mí”.
Conclusión: Tu que lees confía. Aún si tus fuerzas flaquean, él no ha cambiado. Tu fe puede ser débil, pero su fidelidad es eterna. El Dios que habló a Sara sigue acercándose a quienes ya no se atreven a esperar, y renueva con amor lo que creíamos perdido.
Oración 🙏 Amado Señor, tú que haces brotar ríos en el desierto y esperanza en corazones cansados, hoy traigo ante ti mis dudas, mi espera y mi debilidad. Transforma mi corazón antes que transformes mis circunstancias. Reaviva mi fe, enséñame a esperar en ti y hazme testigo de tu fidelidad. En el nombre de Jesús. Amén!
Bendiciones y Feliz Viernes!.. 🤗
“Habla de Dios y de la Biblia y jamás pierdas la confianza en que Dios hará grandes cosas en tu vida, y te usará en sus planes para extender
Su reino sobre la tierra, según los dones y talentos que rindes a Su servicio.”
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