La fe que se arrastra… y toca lo eterno

📖 “Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre. Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. Cuando oyó hablar de Jesús, esta mujer se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba: «Tan solo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana.» Al momento, el derrame de sangre se detuvo, y sintió en el cuerpo que ya estaba curada de su enfermedad. Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de él, se volvió a mirar a la gente, y preguntó: —¿Quién me ha tocado la ropa? Sus discípulos le dijeron: —Ves que la gente te oprime por todos lados, y preguntas “¿Quién me ha tocado?” Pero Jesús seguía mirando a su alrededor, para ver quién lo había tocado. Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había pasado, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad. Jesús le dijo: —Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y curada ya de tu enfermedad.” San Marcos 5:25-34 DHH94I

Reflexión 🤔Una mujer había sangrado durante doce años. Pero más allá de su cuerpo, ella sangraba por dentro: en su dignidad, en su fe y en su esperanza.

Su enfermedad la había hecho impura según la ley. No podía abrazar, ni ser abrazada. No podía entrar al templo. No podía ser tocada. Era, para todos, invisible.

Lo había intentado todo. Médicos, remedios, promesas humanas. Y todo había fallado. Estaba sola, enferma, empobrecida… pero no vacía. Algo quedaba. Algo que ni el dolor ni los años le pudieron quitar: una fe viva.

Alguien le habló de Jesús. Aquel que sanaba con solo una palabra. El que tocaba a los impuros sin temer contagiarse. El que miraba con ternura lo que otros no se atrevían a ver. Y ella creyó. No entendió todo. Pero tuvo fe.

Entonces se arriesgó. Caminó más de 40 kilómetros con un cuerpo debilitado. Se abrió paso entre una multitud sabiendo que podría ser rechazada. Se acercó por detrás, no por cobardía, sino por reverencia, y tocó el borde de su manto. Nada más.

Y el milagro sucedió.

La hemorragia cesó. El dolor desapareció. Pero Jesús no permitió que la historia terminara ahí. Él se detuvo. Se volvió. Y la miró.

¿Quién me ha tocado? preguntó.

Y en ese instante, ella tembló. No porque temiera al castigo, sino porque supo que su acto secreto había sido visto por él.

Jesús no solo la sanó. La restauró con una palabra que nunca antes había usado con nadie: “Hija”.

Ella no solo fue curada, fue reconocida, aceptada y nombrada.

Después de doce años de rechazo, Jesús le dio un lugar en su corazón.

No fue el manto lo que la sanó. Fue la fe que la movió a tocarlo.

No fue su fuerza lo que la trajo hasta él, sino su confianza en la compasión del Maestro.

Conclusión: Hoy, muchos también sangran en silencio. Cuerpos agotados, mentes al borde del colapso, corazones que apenas laten entre el dolor… y sin embargo, el mismo Jesús sigue caminando entre la multitud.

Él no exige oraciones largas ni doctrinas perfectas. Solo busca corazones que aún crean. Si hoy solo puedes extender una mano, hazlo. Porque su manto sigue al alcance de la fe.

Oración 🙏 Señor Jesús, tú que ves al que nadie ve, aquí estoy también yo. No tengo fuerzas, pero tengo sed de ti. Como aquella mujer, solo quiero tocar tu manto y escuchar tu voz. Sáname donde nadie más ha llegado. Llama mi alma por su nombre. Y hazme saber que aún soy tuyo. En el nombre de Jesús. Amén!

Bendiciones y Feliz Jueves!.. 🤗

“Habla de Dios y de la Biblia y creé que Jesús hará en tu vida una sanidad integral, solo extiende hacia Él tu mano”

Por favor contribuye a que la vida en nuestra sociedad sea mejor, conociendo, viviendo y compartiendo esta reflexión que nos conecta con el evangelio.

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