Un corazón humilde delante de Dios
📖 “«Dos hombres fueron al templo a orar: el uno era fariseo, y el otro era uno de esos que cobran impuestos para Roma. El fariseo, de pie, oraba así: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, malvados y adúlteros, ni como ese cobrador de impuestos. Yo ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano.” Pero el cobrador de impuestos se quedó a cierta distancia, y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” Les digo que este cobrador de impuestos volvió a su casa ya justo, pero el fariseo no. Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.»” San Lucas 18:10-14 DHH94I
Reflexión 🤔Jesús contó esta parábola para mostrar dos maneras muy diferentes de acercarse a Dios en oración.
La historia comienza con dos hombres que suben al templo a orar. El primero era un fariseo, miembro de un grupo religioso conocido por su estricta observancia de la ley. El segundo era un recaudador de impuestos, una profesión despreciada por el pueblo, ya que muchos de ellos eran conocidos por abusar de su posición.
Ambos hombres estaban en el mismo lugar y, aparentemente, haciendo lo mismo: orando. Sin embargo, sus corazones eran completamente distintos.
El fariseo oraba con orgullo. En lugar de pedir misericordia, enumeraba sus buenas obras y se comparaba con los demás. Su oración no expresaba la necesidad de Dios, sino la confianza en su propia justicia.
En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo. Sino que se golpeaba el pecho y decía:
“¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” (Lucas 18:13, NVI).
Entonces Jesús concluye con una enseñanza sorprendente:
“Les digo que este y no aquél, volvió a su casa justificado ante Dios”(Lucas 18:14, NVI).
La diferencia entre ambos hombres no estaba en sus palabras, sino en la actitud de sus corazones.
Dios no busca oraciones impresionantes ni discursos elaborados. Él busca corazones humildes que reconozcan su necesidad de gracia. Cuando nos acercamos a Dios con orgullo, confiando en nuestra propia justicia, cerramos la puerta a su obra en nosotros. Pero cuando nos acercamos con humildad, reconociendo nuestra necesidad, encontramos misericordia.
La oración verdadera comienza cuando dejamos de justificar nuestras acciones y comenzamos a depender completamente de la gracia de Dios.
Tal vez hoy necesitas acercarte al Señor con la misma sencillez. No con palabras perfectas, sino con un corazón sincero. El peligro de orar a Dios delante de otros, es que nuestra pecaminosidad intentará impresionarlos, así que: “»Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio.” San Mateo 6:5-6
Conclusión: Dios siempre recibe a quienes se acercan a él con humildad de corazón.
Oración 🙏 Padre celestial, hoy vengo delante de ti con un corazón humilde. Reconozco mi necesidad de tu gracia y de tu perdón. Enséñame a depender de ti cada día y a acercarme siempre con sinceridad a tu presencia. En el nombre de Jesús. Amén.
Bendiciones y Feliz Sábado!.. 🤗
“Habla de Dios y de la Biblia, y ora con el corazón más que con tus labios”
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