La adoración que hace temblar al cielo
📖 “Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.” San Juan 12:1-11 RVR-60
Reflexión 🤔Habían pasado solo seis días desde que Jesús resucitó a Lázaro. El aire todavía estaba cargado de asombro. La muerte había sido vencida en aquel hogar, y el corazón de María ardía con una gratitud que no cabía en palabras. Por eso no habló. No explicó. No pidió permiso. Ella solo adoró.
María tomó lo más valioso que tenía, un perfume cuyo precio equivalía al salario de un año, y lo derramó sobre los pies del Maestro. No lo ahorró. No lo midió. No lo racionalizó. Lo quebró… y lo ofreció todo. Porque cuando uno ha visto a la muerte retroceder ante Jesús, no se guarda nada.
Y la casa se llenó de aquel aroma.
Así es la adoración genuina: no necesita micrófonos ni multitudes, pero sí corazones quebrantados. María no adoró con estrategias, adoró con lágrimas. No buscó aprobación, buscó directo a Cristo. No le importó el juicio de los hombres, sino la aceptación y el deleite del Salvador.
Mientras Marta servía y Lázaro conversaba, María se postró.
Y en su gesto silencioso, proclamó una verdad eterna:
Jesús no es un invitado más. Es el Tesoro supremo. Y adorarlo no es una opción… es la única respuesta razonable a quien lo dio todo por nosotros.
Pero siempre habrá voces que menosprecien la entrega.
Judas, aquel que llevaba la bolsa, no la cruz, protestó. ¿Por qué tanto derroche?
Y Jesús, con ternura y autoridad, la defendió:
Déjala… lo ha hecho por mí.
María no estaba ensayando un acto religioso. Estaba profetizando con su perfume, ungiendo al Rey que muy pronto entregaría su vida. Su adoración no era un acto social protagónico, era un acto profético, íntimo y sagrado.
Hoy, muchos sirven. Otros escuchan. Algunos critican. Pero unos pocos se postran con todo lo que son.
Y cuando lo hacen, el lugar se llena otra vez del aroma de Cristo.
Conclusión: ¿Qué fragancia llena tu casa? ¿La del cálculo… o la de la entrega?
Jesús sigue siendo digno.
Y aún espera que alguien rompa su frasco y diga: Todo lo que tengo… es tuyo, Señor.
Oración 🙏 Mi amado Señor Jesús, hoy me acerco a ti no con palabras bonitas, sino con un corazón quebrantado. No quiero adorarte con lo que sobra, sino con todo lo que soy. Enséñame a postrarme a tus pies sin temor, sin reservas y sin medida. Que mi vida entera sea como esa botella de perfume: rota por amor y ofrecida en tu honor.
En el nombre de Jesús. Amén!
Bendiciones y Feliz Sábado!.. 🤗
“Habla de Dios y de la Biblia, ora y adora de todo corazón a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, ya sea en la iglesia o en lo secreto de tu habitación”
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